lunes, 27 de marzo de 2017

La voz enmudecida de la mujeres


Teresa de Cartagena nació en Burgos entre los años de 1415 y 1420. Fue descendiente de judíos conversos al cristianismo que, posteriormente, ostentaron cargos importantes dentro de la institución católica, pues su abuelo Ŝlomo Halevi, a pesar de estar casado y de tener hijos, fue sacerdote. Según sus escritos, Cartagena, tuvo una formación académica en la Universidad de Salamanca, sin embargo, no se han encontrado registros que respalden esta información en dicha institución, lo que nos hace pensar en que se trató de una educación asistida por tutores de esta universidad.

Según investigaciones realizadas por Mónica Vidal, la familia Cartagena, además de contar con bibliotecas de calidad, como parte de su patrimonio, participó de manera activa tanto en los asuntos correspondientes a la Iglesia católica como en asuntos relacionados con la literatura. Vidal apunta también que Teresa de Cartagena «desde temprana edad se fue quedando sorda progresivamente. En 1453 ingresó a un convento (no se sabe con certeza a qué orden pertenecía, aunque se sospecha que era franciscana)» (Vidal, 2010: 1).


            El desarrollo de su enfermedad auditiva significó para Teresa el autoexilio y la marginalidad a la que arrastró su vida. Estos factores, entre otros, fueron una especie de herramientas para la producción de su primera obra Arboleda de los enfermos, un tratado en el que la autora, a través de la palabra, tiene la intención de dar consuelo a los enfermos que, como ella, padecen de dolencias físicas, pero buscan refugio y salud espiritual. La obra logró atravesar los muros y salir del convento en el que se aisló Cartagena, a raíz de esto surgió una feroz crítica que condenaba no solo su desarrollo como escritora, sino que también ponía en duda que la autoría de este tratado perteneciera a una mujer.


            Como respuesta a las críticas y en defensa de su condición como mujer y escritora, Cartagena escribe la Admiraçión operum Dey y se pronuncia cuestionando los planteamientos misóginos y mal intencionados de quienes lanzaron estas provocaciones en su contra:

Creo ciertamente que se han maravillado los prudentes varones del tratado que yo hice; y no porque en él se contenga cosa muy buena y digna de admiración, sino porque mi propio ser y justo merecimiento con la adversa fortuna y el agravamiento de las enfermedades dan voces contra mí y llaman a todos a que se maravillen diciendo: “¿Cómo puede haber algún bien en quien en persona que tantos males asienta?”. Y de aquí se ha seguido que la obra femenina y de poca sustancia, que es digna de reprensión entre hombres corrientes, con mucha razón sería hecha digna de admiración en el acatamiento de los singulares y grandes hombres, pues no sin causa se maravilla el prudente cuando ve que el necio sabe hablar (Cartagena, 2004: 269).                   

Admiraçión operum Dey está escrita también con fines didácticos. Teresa de Cartagena ya no escribe solo para los enfermos del cuerpo, sino que ahora sus escritos están dirigidos a los enfermos del alma «aquellos que no padecen males corporales y que, debido a su inmersión en el mundo sensible, se niegan a ver la potencia de Dios que actúa a través de esta delicada y débil mujer» (Vidal, 2010: 3).
           
            En la sociedad medieval la participación de la mujer en el plano científico e intelectual era, casi de manera general, rechazado o valorado con poca estimación. A la mujer se le atribuían los quehaceres domésticos y religiosos (siempre de manera pasiva), por el contrario, el hombre era quien gozaba de características superiores vinculadas con la fuerza, la inteligencia y la sabiduría, por tanto, los roles estaban asignados sin posibilidad de considerar cambios o excepciones y es por esta razón que la obra de Teresa fue negada como producción femenina. «Lo que ocurre es que Teresa, a causa de su sordera, había perdido todo contacto con el mundo exterior […] y no tenía acceso a la manifestación oral que formaba parte del espacio […] por lo que tuvo que apropiarse de un medio de expresión considerado básicamente masculino» (Vidal, 2010: 6), y es así como escribe este tratado que consiste en la defensa del talento de las mujeres para la creación literaria, para las ciencias y la intelectualidad.

            Todo lo anterior, generó un debate académico y literario en torno a las capacidades de las mujeres que abarcó los años desde finales del siglo XIV hasta el siglo XVIII. A este debate se le conoció como la Querella de las mujeres, siendo la francesa Christine de Pizan la primera mujer que hace una intervención pública al escribir la obra La ciudad de las damas, un texto que rompe con todos los tabúes de la época y que defiende a las mujeres de los discursos violentos que los hombres hacían contra ellas:

Finalmente, a todas vosotras, mujeres de alta, media y baja condición, que nunca os falte conciencia y lucidez para poder defender vuestro honor contra vuestros enemigos. Veréis cómo los hombres os acusan de los peores defectos, ¡quitadles las máscaras, que nuestras brillantes cualidades demuestren la falsedad de sus ataques! Así podréis decir con el salmista: «La iniquidad del malo recaerá sobre su cabeza (Cortés, 2017: 3).   

                Por lo anterior, podríamos decir, tal como lo expone la medievalista Blanca Garí, que nos encontramos frente a la primera escritora feminista «que afirma que todo lo que se dice sobre la maldad de las mujeres no se debe a ninguna característica intrínseca, sino a las circunstancias, que no es natural, sino social» (Barranco, s.f.: s.p.).  Christine de Pizan escribe desde su mundo, desde su propia experiencia como mujer, en la que además nos habla de un espacio diferenciado para ella, idea que muchísimos años después (octubre de 1929) retomará Virginia Woolf al publicar su obra Una habitación propia.

            Para respaldar las opiniones vertidas en relación a las limitaciones educativas y de espacio para las mujeres, muchos escritores buscaban como fundamento las obras escritas por los romanos, los griegos y de manera especial la Biblia. Siendo una sociedad arraigada a los valores cristianos citar las Sagradas Escrituras le daba autoridad y veracidad a su discurso, pero a mediados del siglo XVII sor Juana Inés de la Cruz reinterpreta algunos pasajes tales como «la Epístola I a los Corintios
exponiendo que el apóstol sólo quiso decir que las mujeres no rumorearan mientras se realizaban las ceremonias eclesiásticas, pero no que se alejaran del saber. Cita ejemplos de ilustres mujeres entendidas que corroboran la capacidad de la mujer para la sabiduría y la escritura» (Cortés, s.f.: 835).

            A pesar de que Teresa de Cartagena y sor Juana Inés no coinciden en tiempo y espacio, encontramos en sus vidas aproximaciones tales como su vida religiosa, la soledad, su débil salud, su condición marginal, entre otras. Por otro lado, en lo que se refiere a su obra, «las epístolas de las dos escritoras desarrollan una retórica donde la queja, el silencio, la cortesía, la ironía y la resignación se combinan para conducir a la paradoja el papel de la mujer en el mundo que el razonamiento patriarcal defiende y que, aparentemente, aceptan» (Cortés, s.f.: 390).
           
            Muchos debates y situaciones precarias han tenido que enfrentar las mujeres ante un sistema patriarcal que durante siglos ha intentado opacar y limitar su participación en torno a la educación, a la política, al campo laboral, etc.:

Durante millones de años las mujeres han estado sentadas en casa, y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora, que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la política. Pero este poder creador difiere mucho del poder creador del hombre. Y debe concluirse que sería una lástima terrible que le pusieran trabas o lo desperdiciaran, porque es la conquista de muchos siglos de la más dura disciplina y no hay nada que lo pueda sustituir (Woolf, 2001: 63).






Bibliografía:

CORTÉS TIMONER, Mª Mar, Ficha material “La Ciudad de las Damas de Chistine de Pizan”, Barcelona, UNIBA, 2016.

 _______________, Ficha material “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz de Sor Juana Inés de la Cruz”, Barcelona, UNIBA, 2016.

_______________, Ficha material “Una habitación propia de Virginia Woolf”, Barcelona, UNIBA, 2016.

_______________, Teresa de Cartagena, primera escritora mística en lengua castellana, Málaga, Universidad de Málaga, 2004, pp. 263-275.(Documento en pdf).
 ______________, “Poner riquezas en mi entendimiento: Sor Juana Inés de la Cruz y Sor Teresa de Cartagena”, Lectora. Revista de dones i textualitat, 10 (2004), pp. 377-391. En línea: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/ 2445/22190/1/596569.pdf BARRANCO, Justo, Christine de Pizan.

RIVERA GARRETAS, M. Milagros, “Los dos infinitos en Teresa de Cartagena, humanista y mística del siglo XV”, Miscelánea Comillas, vol. 69 (2011), núm. 134, pp. 247-254.

 VIDAL, Mónica, “Los espacios en la obra de Teresa de Cartagena”, IX Congreso Argentino de Hispanistas, 2010. Disponible en Memoria Académica, pp. 1-8: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/


viernes, 10 de febrero de 2017

«Cipote airado» de José Adán Castelar



José Adán Castelar, poeta y narrador hondureño nacido en 1941. Su obra ha sido clasificada por Hellen Umaña, en su libro La palabra iluminada, como parte de la Vanguardia y el Realismo Social que perteneció a la Generación de la década de los 50 (nacidos entre 1924-1953).

«Cipote airado[1]» es uno de los poemas incluidos en su libro Sin olvidar la humillación, publicado en 1987: «Este poemario es la respuesta a los años de política reaganeana en Centro América […] El lenguaje de raíz popular —con el empleo del vulgarismo— es mecanismo para expresar la cólera y la indignación frente a la prepotencia del imperio y sus crímenes de lesa humanidad. […] Poesía directa, de fuerte politización y definido sustrato ideológico» (Umaña, 2006: 507-508). 

En la literatura hondureña de la época surge un notable interés por la problemática social que atraviesa el país y se genera, a su vez, un rompimiento con la tradición poética, de la misma manera que sucedió en el resto de los países de Latinoamérica y otras partes del mundo. Para el caso, un ejemplo de esa poesía directa, politizada y coloquial, que rompe con la tradición lírica, son los versos de «Cipote airado». En este poema podemos identificar elementos conversacionales y de diálogo, que además emplea un lenguaje oriundo de la región: «—¿Qué hay de nuevo/ en Comayagua, muchacho?—/ —Putas y Gringos./—¿Putas y gringos?—/ Y más burdeles». En este primer párrafo podemos apreciar como el poeta utiliza dos palabras de uso popular en la región: putas y gringos, al mismo tiempo que nos plantea una situación que es parte de un contexto histórico que se vivió en el país.

Durante la década de los 80, en Honduras se instaló, por el gobierno de Estados Unidos, la base militar aérea de Palmerola, ubicada en la ciudad de Comayagua. Estos acontecimientos generaron disgusto y preocupación en la población, y José Adán Castelar lo refleja en la voz de un cipote, que se manifiesta molesto y con ira ante el ambiente generado a raíz de los hechos ocurridos. A propósito del trabajo poético de Castelar, Eduardo Bähr expresa que «no es una poesía de contemplación. Castelar refleja también, de manera contendiente, la condición contradictoria en el seno de su población: por un lado la dignidad, la protesta, la llama de la dignidad ardiendo en el parque; por otro los enemigos con sus ruidos, sus armas y sus perros» (Sosa, 2002: 38-49).

En el segundo párrafo de este poema, encontramos un cambio en el tono, que deja de ser conversacional y pasa a ser reflexivo y argumental: «No quiso hablar más/ (Apenas tuve tiempo/ de escribir lo que dijo)/ Su cólera ardía/ como el medio día de la ciudad». En estos versos podemos ver como el poeta nos describe la emoción y los sentimientos de un joven, pero que en realidad se trata de un sentimiento colectivo que circulaba en el imaginario social.

 Castelar nos retrata una de las consecuencias que trajo la apertura de esta base estadounidense. Hablamos de la llegada invasiva de los militares, en momentos de extrema pobreza en el país y en medio de un ambiente político hostil, proliferando, de esta manera, la prostitución que trajo consigo enfermedades venéreas tales como la Flor de Vietnam. «Su poesía está literalmente cruzada de parte a parte por señales de auxilio, sirenas abiertas y disparos de alta velocidad; por ellos asistido por un principio de razón suficiente, escribe para quien quiera leerlo: Guardar silencio es compartir el crimen» (Sosa, 2002: 384).

Vemos pues, que «Cipote airado» es un poema escrito en un lenguaje coloquial, conversacional, que describe la realidad que vive el poeta y su entorno. Es un poema, que forma parte de la producción literaria en Honduras, que rompe con la tradición poética y abre paso al coloquialismo que surgió años atrás en Cuba.

En Honduras los movimientos literarios, entre otras cosas, han llegado de manera tardía. Lo anterior es posible que responda a lo que afirma Óscar R. Flores cuando expone que «durante los años treinta y cuarenta, el ambiente cultural estuvo dominado por un grupo de intelectuales vinculados al régimen dictatorial (1933-1949) del general Tiburcio Carías Andino. Ellos identificaban las tendencias de vanguardia con la poesía social y revolucionaria […]. Esto trajo como consecuencia que los escritores de vanguardia fuesen, en Honduras, escritores marginales, cuyo espacio se caracterizaba por la contestación» (Umaña, 2006: 364-365).

José Adán Castelar, hoy en día, es uno de los poetas más influyentes en la poesía hondureña, con una creación poética diversa en la que sobresalen obras de poesía amorosa, vivencial, plástica, reflexiva y social. Ha recibido premios tales como el Premio Latinoamericano de poesía Roberto Sosa (1986), Premio Centroamericano de poesía Juan Ramón Molina (1988) y el Premio Nacional de Literatura Ramón Rosa (2003).


[1] A diferencia de España, en donde la palabra cipote hace referencia al miembro viril, en Honduras y otras zonas mesoamericanas donde el náhuatl fue una lengua predominante, la palabra cipote hace alusión a un niño o una niña.





Bibliografía
Castelar, José Adán (1987). Sin olvidar la humillación. Tegucigalpa: Litografía López.
Sosa, Roberto (2002). Honduras Poesía Política. Prefacio, selección y notas de Roberto Sosa. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras.
Umaña, Hellen (2006). La palabra iluminada. El discurso poético en Honduras. Ciudad de Guatemala: Letra Negra editores.



jueves, 2 de febrero de 2017

La imagen de la muerte en «Muerte de Antoñito el Camborio» y «La aurora»




La presencia de la muerte es un elemento poético en la obra de Federico García Lorca (Granada, 1898 - desaparecido y asesinado por la guardia civil española, Granada, 1936, durante la dictadura franquista). En este opúsculo haremos un análisis comparativo, en relación a la imagen de la muerte, entre el romance «Muerte de Antoñito el Camborio» de su libro Romancero Gitano y el poema «La aurora» de su poemario Poeta en Nueva York.

En «Muerte de Antoñito el Camborio» podemos apreciar como Lorca canta y admira al perseguido y sufrido pueblo gitano, el poeta nos transmite a través de sus versos el dolor, la agonía, la tragedia y la angustia que son, en este caso, los signos portadores del tema de la muerte. Este romance, desde su título, nos revela una tragedia, comenzando con un primer estribillo que también se repite en otros momentos del poema: «Voces de muerte» y que nos anuncia el fatal desenlace.

Por otra parte vemos como el título «La aurora»y el párrafo que lo sucede parecen no estar en consonancia, no obstante ese antagonismo es lo que nos llevará a la recurrente imagen de la muerte: «La aurora de Nueva York tiene/ cuatro columnas de cieno/ y un huracán de negras palomas/ que chapotean las aguas podridas» (García Lorca, 1940: s.p.), se trata pues de la luz del amanecer que se transforma en un grito de denuncia ante una inmensa, caótica y oscura ciudad inundada de contaminación y de imponentes estructuras de concreto que son representadas en estos versos.


Ambos poemas nos narran una historia de lucha y agonía. En el romance «Muerte de Antoñito el Camborio» nos cuenta la historia de un personaje heroico que es derrotado y asesinado en una emboscada perpetrada por sus cuatro primos. Lorca nos describe este enfrentamiento «Les clavó sobre las botas/ mordiscos de jabalí./ En la lucha daba saltos/ jabonados de delfín./ Bañó con sangre enemiga/ su corbata carmesí» (García Lorca, 1928: s.p.) y de esta manera, hace una descripción con un lenguaje metafórico que evoca imágenes del inconsciente muy propias del surrealismo. Si relacionamos «La aurora»con lo anterior, encontramos una similitud en cuanto al tema de la lucha por la vida y la supervivencia simbolizada, en este caso, por la naturaleza: «La aurora de Nueva York gime/ por las inmensas escaleras/ buscando entre las aristas/ nardos de angustia dibujada.» (García Lorca, 1940: s.p.), vemos pues como la aurora es personificada cuando nos dice que gime, presentándonos una imagen auditiva que connota sufrimiento; luego la desplaza, recordando las escaleras para incendio (que son muy comunes en los edificios de la ciudad), vemos también a la aurora que sufre intentando encontrar un resquicio de naturaleza, simbolizada por los nardos. Como podemos apreciar, hay varios elementos que hacen referencia a la naturaleza, pero a una naturaleza destruida, contaminada y agonizante.


En el segundo párrafo del romance de «Muerte de Antoñito el camborio», el poeta entabla un diálogo con su amigo muerto:
Antonio Torres Heredia,[…]/ ¿Quién te ha quitado la vida/ cerca del Guadalquivir?/ Mis cuatro primos Heredias […]/ ¡Ay Antoñito el Camborio […]/ Acuérdate de la Virgen/ porque te vas a morir./ ¡Ay Federico García,/ llama a la Guardia Civil! / Ya mi talle se ha quebrado /como caña de maíz. (García Lorca, 1928: s.p.).

 El poeta crea un ambiente de desesperanza, ante la inminente muerte de Antoñito, de la misma manera que lo hace en el tercero y cuarto párrafo de «La aurora»:
 La aurora llega y nadie la recibe en su boca/ porque allí no hay mañana ni esperanza posible./ […]/  Los primeros que salen comprenden con sus huesos/ que no habrá paraíso ni amores deshojados;/ saben que van al cieno de números y leyes,/ a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. (García Lorca, 1940: s.p.)

Esta falta de esperanza, esta ausencia de paraíso podría ser una reflexión religiosa del poeta, una contracción personal, extrapolada a la ciudad en la que percibe la injusticia y la desesperanza.

            Y en el último párrafo de ambos poemas, llega el trágico y homólogo final: la muerte de Antoñito: «Tres golpes de sangre tuvo/ y se murió de perfil./ […]/voces de muerte cesaron/ cerca del Guadalquivir.» (García Lorca, 1928: s.p.) y «La luz sepultada por cadenas y ruidos» (García Lorca, 1940: s.p.), que nos hace referencia a la muerte, en «La aurora» y, que a diferencia del otro, el enfrentamiento con la muerte es una vivencia colectiva de una ciudad sumida en un sistema de producción esclavizante para el ser humano.






Bibliografía

García Lorca, F. (1935), “Conferencia-recital Romancero gitano”, en OOCC, vol. III, Prosa, Madrid, Aguilar, 1991, pp. 339-346.

 (1932): “Un poeta en Nueva York”, en OOCC, vol. III, Prosa, Madrid, Aguilar, 1991, pp. 347-358.

Salinas, P. (2007): “Federico García Lorca”, “García Lorca y la cultura de la muerte” y “Palabras en homenaje a García Lorca”, en Literatura Hispánica Moderna, incluido en OOCC, vol. II, Ensayos completos, Madrid, Cátedra, Bib. Áurea, edición, introducción y notas de Ensayos completos, Enric Bou y Andrés Soria Olmedo, pp. 1263-1266 y 1279-1292.

Castro Arena, M. (2010): “Poeta en Nueva York de Federico García Lorca”, Alicante, Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. Disponible en pdf.




miércoles, 25 de enero de 2017

Voces de Mujer en la literatura hondureña



Yo soy un poeta,
un ejército de poetas.
Clementina Suárez, poeta hondureña.
Y hoy quiero escribir un poema,
un poema silbatos
un poema fusiles.
Para pegarlos en las puertas,
en las celdas de las prisiones
en los muros de las escuelas.
Hoy quiero construir y destruir,
levantar en andamios la esperanza.
Despertar al niño,
arcángel de las espadas,
ser relámpago, trueno,
con estatura de héroe
para talar, arrasar,
las podridas raíces de mi pueblo.


Clementina Suárez




Mucho se habla de la literatura hondureña escrita por mujeres, pero muy poco se analiza o se conceptualiza al respecto. Existe una problemática en cuanto a la difusión de la literatura en general, es evidente la escasez de medios que ayuden a generar la publicación y promoción de las diferentes obras y más evidente aún la limitación económica que impera en nuestro país y que dificulta en nuestras creadoras la edición de sus libros.

María Eugenia Ramos, narradora y poeta hondureña.
En las últimas décadas ha surgido un afianzamiento de las voces de las mujeres en la literatura hondureña. Poetas y narradoras como Lety Elvir Lazo, Venus Ixchel Mejía, Anarella Vélez Osejo, Perla Rivera, María Eugenia Ramos, Mayra Oyuela, Jessica Isla, Martha Susana Prieto, Ana Lucía Padilla, Waldina Mejía, Diana Vallejo, Heydi Alachán, Rebeca Becerra, entre otras, son autoras contemporáneas que sin duda representan una generación de mujeres que sobresalen en el mundo de las letras y que nos proponen un nuevo discurso literario.

Temas como la desigualdad social, el estatus quo, la violencia en todas sus manifestaciones, la pobreza, la diversidad sexual, el conflicto racial, el erotismo, la libertad, la independencia, la reivindicación de los derechos y el lugar de la mujer en la sociedad actual, entre otros,  son tópicos abordados de manera recurrente en nuestras creadoras. De esta manera,  han hecho uso también de la palabra para denunciar los diferentes conflictos arrastrados por una sociedad patriarcal que por siglos ha definido y limitado el trabajo literario a una labor masculina.

Lucila Gamero, narradora hondureña.
Si retrocedemos un poco en la historia de Honduras, encontraremos  mujeres que asumieron su feminidad incluso en la arena política, tal es el caso de Clementina Suárez, Lucila Gamero de Medina, Argentina Díaz Lozano, entre otras, quienes tuvieron una importante participación en la demanda de los derechos políticos de las mujeres. Hablamos de voces eminentemente transgresoras de acuerdo con los esquemas sociales de su tiempo, siendo todas sufragistas y teniendo una participación notoria en los diferentes movimientos políticos, sin descuidar su producción literaria en la que nos retrataron el ambiente y la situación social y cultural de su época. Para el caso, un relato como Alda, de Lucila Gamero de Medina, nos presenta una historia enmarcada en la equidad de género, tema que sin duda continúa siendo motivo de discusión e incomodidad en nuestra sociedad actual y que nuestras narradoras contemporáneas le han dado una renovada y necesaria voz en sus obras.


AnaLu Padilla, Mayra Oyuela y Jessica Isla.

En el instante en el que se decide plasmar literariamente un mundo personal, una visión del mundo, una experiencia de lo vivido o una visión de la vida, uno de los recursos a los que de manera recurrente  se acude es a la tradición. Esta herencia que a lo largo de la historia ha codificado determinados significados que han pasado a ser comprendidos por los lectores y las lectoras siempre de la misma manera, convirtiéndose en tópicos literarios. El otro recurso ineludible, sobre todo cuando se escribe poesía, es el de la simbolización, el de dar a las palabras contenidos simbólicos nuevos y personales.
 Para una mujer que desea escribir poesía recurrir a la tradición presenta una enorme dificultad, ya que esta es siempre la de la cultura dominante que se ha ido transmitiendo a través de la enseñanza académica y de la crítica literaria. A lo largo de la historia se ha ido construyendo un canon del que se marginan las obras que no se atienen a la visión androcéntrica del mundo. En esta tradición la mujer aparece siempre como madre, esposa, musa, amante, ángel del hogar, ser celestial,
pero nunca como sujeto. 
El Yo de la mujer que escribe es precario y complejo puesto que no solo debe transformar el lenguaje que la oculta, sino también transformar todo un universo de símbolos y connotaciones que durante siglos han ocultado su ser, su pensamiento y sus deseos.
Nuestras escritoras hoy saben que no se puede reproducir lo que la sociedad ha considerado que deben ser las preocupaciones propias de las mujeres, lo que la cultura ha ido acumulando sobre su identidad. Por eso, en la literatura y la poesía contemporánea que escriben, hay una constante y sistemática destrucción de tópicos propios de la visión androcéntrica del mundo. 

miércoles, 18 de enero de 2017

Contra Jaime Gil de Biedma y Soliloquio del farero



En el panorama de la poesía española del siglo XX hay tres poetas cuyas obras y contextos se emparentan: Federico García Lorca, Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma. Los tres fueron disidentes políticos, homosexuales y escritores que han sido revisitados por la crítica literaria y el cine. Cabe concretar que tanto la obra de Jaime Gil de Biedma como la de Luis Cernuda, estuvieron influenciadas por la poesía inglesa, por autores como Auden, Pound y T.S. Elliot.

Entre Gil de Biedma y Cernuda existió una amistad de la que se conserva aún la correspondencia que mantuvieron durante la estancia de Jaime en Oxford. En ambos encontramos una obra poética de carácter autobiográfico, que reacciona contra la falsa moral, contra la injusticia social y la marginalidad en la que se vieron envueltos.

Sus obras tratan tópicos recurrentes como la soledad, el erotismo, la exaltación al amor y el aprecio de la amistad, esto lleva a ambos poetas a crear un diálogo interno que se ve plasmado en los poemas Soliloquio del farero y Contra Jaime Gil de Biedma.

Los autores estudiados escriben su depresión y negación, tratándose de una poesía desoladora ya que hace escarnio de sí mismos como atestigua el poema Contra Jaime Gil de Biedma: «tu estilo casual y que tu desenfado/ resultan truculentos/ cuando se tienen más de treinta años,/ y que tu encantadora/ sonrisa de muchacho soñoliento/ ‒seguro de gustar‒ es un resto penoso/ un intento patético» (Gil de Biedma, 1968: vv. 23-30).  Cernuda denunciará en su obra con voz rebelde y doliente la causa del derrumbe de su sueño homoerótico: los límites sociales y los límites del propio cuerpo que encarcelan el deseo tanto por represión como por egocentrismo. El primer hito en el desarrollo de la poesía amorosa de Cernuda reside, pues, en la revelación de su diferencia: el amor es un acto de violencia social y política (Silver, 1989). Cernuda en Diré como nacisteis proclama la soberanía imperiosa de los placeres prohibidos contra las instituciones que representan la negación de su libertad (matrimonio, familia, religión y leyes): «Abajo, estatuas anónimas, / Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; / Una chispa de aquellos placeres / Brilla en la hora vengativa. / Su fulgor puede destruir vuestro mundo» (Cernuda, 1931: vv. 45-49).

El recurso del desdoblamiento de la voz les permite hablarse a sí mismos para censurarse, marcar las vejez en relación con la juventud paseante por las calle; les lacera la renuncia y la terrible soledad. La realidad presente es adversa, se lamentan las pérdidas y sólo se recurre a las evocaciones de la memoria de un tiempo mejor. En Soliloquio del farero el poeta realiza un desdoblamiento en el farero para expresar de forma objetiva la soledad que ha padecido toda su vida, la identidad de la poesía y su identidad como poeta. A su vez, en Contra Jaime Gil de Biedma se denotan dos yo poéticos o dos mascaras del poeta que desnudan algunas facetas del mismo y de su misma poesía.

En Invocaciones se halla un Cernuda desengañado del amor humano que vuelve los ojos al mundo de los dioses. Este libro nos presenta su espacio mítico, donde estarán no sólo el muchacho andaluz y el joven marino (seres casi siempre confundidos o desposados con el mar) sino también su soledad. En Soliloquio del farero Cernuda exalta la soledad activa, a la que el desprecio de los hombres lo ha empujado y que es concebida como una especie de atalaya desde la que luchar por un mundo mejor: «Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía/ y tú me das fuerza y debilidad» (Cernuda,


1940: vv. 41-42). Además, Cernuda expresa una introspección vivificadora que se genera a través de la soledad antedicha, aspecto que se puede relacionar de manera directa con Contra Jaime Gil de Biedma, pues es el encuentro consigo mismo el que lleva al ser humano a sumergirse en un estado de soledad superior a la ordinaria, como afirma Biedma cuando se refiere a la poética cernudiana.

Contra Jaime Gil de Biedma es un reconocimiento a la pluralidad de voces interiores que relucen en la soledad, se transfieren las vicisitudes personales arraigadas en lo profundo del corazón, a través del hecho de vislumbrar la soledad de la vida bohemia, la soledad de yo interior al que solo acompañan los objetos y las personas de paso en medio del sosiego alcoholizado. Por su parte, en el Soliloquio del farero se perciben diversas facetas de la soledad: la soledad infantil y la exaltación de la misma, precedida de la negación y la búsqueda de compañía en la juventud, para terminar en un presente desolado que conlleva al encuentro con la humanidad. Se evidencia la relación del quehacer del farero con la profesión del poeta, la soledad constante pero que no apena, porque esa soledad permite emitir lo mejor de sí para la humanidad por medio del hallazgo de la verdad. 

Gil de Biedma expresa un encuentro con la debilidad y el defecto, con la parte oscura del yo. Refleja el conocimiento personal, la comprensión del estado paupérrimo del ser interior. Situación que únicamente puede ser entendida a través de la soledad y el desapego que ella conlleva.

En efecto, desde su refugio interior objetivado a través del ambiente de desolación y soledad arquitectónicas del faro, el yo poético se proyecta en la altiva contemplación del mundo. Un mundo poblado de seres desconocidos e incomprensibles por quienes el poeta desdoblado vive «aun cuando no los vea» (Cernuda, 1935: v. 50), seres imaginados con los que sueña: «La soledad poblé de seres a mi imagen / Como un dios aburrido» (Cernuda, Himno a la Tristeza, 2008: vv. 14-15).    

Marginado por esta doble condena, la conciencia de ser poeta y homosexual, la voz poética se atrinchera en las tinieblas de su exilio interior, encerrándose en su neorromántica torre de marfil para intentar encontrar, desde su autoaislamiento, el verbo que le permitirá acercarse a esa realidad, a ese deseo que se le escapa: «L’amour est à réinventer, on le sait» gritaba Rimbaud en medio de su Temporada en el infierno (Rimbaud, 1998: 64).

El poeta se da así cuenta de la misión profética que le incumbe como a pesar suyo: la necesidad, para los que han recibido ese demoníaco «don en sueños» (Cernuda, «Noche del Hombre y de su demonio», 2008: v. 8), de «se faire voyant […] pour arriver à l’inconnu» (Rimbaud, 2007: 73). El poder de la palabra debe guiar, como la luz vidente del faro, a las náufragas muchedumbres de la vida. La brillante metáfora del diamante que en la noche «gira advirtiendo a los hombres» (Cernuda, 1935: vv. 48-49) traduce así la esencia divinatoria de la poesía que se alza «ante la espera de una revolución ardiente» (Cernuda, 1935: v. 54): «El poeta cuya palabra lúcida es como diamante» (Cernuda, “Góngora”, 2008: v. 2).

Al igual que Cernuda, Gil de Biedma está plenamente consciente de su vocación de poeta maldito. Pero, al contrario del primero que, desde su estática fetal, su «cuna vigilante» (Cernuda, 1935: v. 47), intentaba encontrarse a sí mismo a través de la mediación de una soledad neorromántica, sacralizada como madre y musa: «Cómo llenarte, soledad, / Sino contigo misma. […] Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona/ Que yo fui» (Cernuda, 1935: vv. 1-31), Gil de Biedma deja el tono lírico de Cernuda para exprimir hasta la exasperación ese otro que le habita, ese sarcástico reflejo de su pasado, ese caricaturesco «bohemio», «pelmazo», «memo», «zángano», «inútil», «cacaseno», «puta» (Gil de Biedma, 1968: vv. 6-34), hijo de los vicios de una sociedad podrida.

Contra Jaime Gil de Biedma es el testamento de un maduro proceso de automutilación, de aniquilación, de castración del interlocutor como encarnación paródica y onanística del pasado del yo poético. Como bien lo puede reflejar el título del poemario, Poemas póstumos, Gil de Biedma lleva el ejercicio del monólogo dramático al extremo, consiguiendo interpelar al lector en un tumultuoso desgarramiento que ilustra la teoría de Roland Barthes sobre La muerte del autor: «La naissance du lecteur doit se payer de la mort de l’auteur» (Genette, 2003: 131).

En cuanto a una de las similitudes más destacables, encontramos el recurso del monólogo dramático. Formalmente los poemas cumplen con los requisitos del monólogo dramático, lo incondicional es la estética lírica en su estructura. Tienen un hablante, en el del Farero es él mismo quien realiza esta función, en el segundo poema el hablante es la primera máscara del poeta que increpa a la otra parte del Yo poético. Existe un interlocutor, es personificado por la Soledad en el primer poema y en el segundo poema es la otra cara del Yo. Los interlocutores se identifican por las intervenciones  del hablante, pues a ellos les dirige sus palabras sin que ellos respondan. Esta relación (hablante-Interlocutor) le impregna dramatismo a los textos líricos. Los poemas inician con un interrogante: «cómo llenarte» (Cernuda, 1935: v. 1) y «De qué sirve» (Gil de Biedma, 1968: v. 1), cargando al poema de interiorización e indagación; por tanto, denotan un ligero existencialismo del yo lírico y de los poetas. El encabalgamiento en el poema de Cernuda le imprime al yo poético una dureza al expresarse: «Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona /Que yo fui» (Cernuda, 1935: vv. 30-31), lo mismo ocurre en el poema de Gil de Biedma, además de ser una estética heredada de Hölderin, en donde la experiencia vital se presenta como fuente de inspiración absoluta. La evocación de recuerdos y vivencias personales es constante en ambos poemas. En Soliloquio del farero el yo poético circula en la búsqueda de contrapuestas dimensiones de la identidad (Gil de Biedma, 1977: 341) siendo el emisor un testigo que transita capítulos del pasado hasta encontrar la definición poética presente en la figura del vigilante. Esta definición poética pasa incorruptiblemente por el estado de soledad que, a su vez, permite hermanarse con elementos naturales que recuerdan a los poetas románticos (sol, lluvia, bosque, oleaje). La soledad funciona como un trampolín y como un fin en sí mismo. Para llegar a la soledad última, el poeta pasea por la infancia buscando las «auroras futuras y furtivos nocturnos» (Cernuda, 1931: v. 6) hasta darse de bruces contra la persona que fue, que está manchada de «juveniles traiciones». Desde la soledad del farero como símbolo se puede alcanzar el éxtasis de la poesía, la única salvación posible, estableciendo dicha soledad como una paradoja constante, como una guía de las «muchedumbres» para acabar acodado en el balcón oyendo las imprecaciones del mar. Los últimos versos resultan claves, pues dan cuenta de la huida («Por ti, mi soledad, los busqué un día», Cernuda, 1931: v. 65) y del auto-descubrimiento (« En ti, mi soledad, los amo ahora», Cernuda, 1931: v. 66).

De diferente manera se acerca la soledad en Gil de Biedma, dibujada a partir de los estragos del poeta y su personaje. La esquizofrénica aproximación nos lleva a un desdoblamiento incitado por el apóstrofe que comienza en el séptimo verso («si vienes luego tú, pelmazo»), configurando la emoción pendular donde no existe desaparición del sujeto lírico, sino una reescritura de la experiencia en otro personaje o en el mismo poeta desdoblado. El recurso del desdoblamiento del yo poético confiere la sensación de extrañamiento a ojos del lector. En Cernuda, este desdoblamiento se provoca a través de la figura solitaria del farero como una personificación de una emanación interior (Thanoon, 1991: 112). En Gil de Biedma, el propio poeta es la emanación paralela de la discordia y la pérdida. El alegato supone un descenso a los infiernos del paso del tiempo, al envejecimiento, a la promiscuidad, a la tendencia de buscar la eterna juventud en los versos «Podría recordarte que ya no tienes gracia / Que tu estilo casual y que tu desenfado / resultan truculentos» (Gil de Biedma, 1968: v. 23-25).

Asimismo, la intimidad aparece como seña de identidad en ambos poemas. En Cernuda funciona con la mirada del farero, mientras que Gil de Biedma transita la cara más oscura de la bohemia, una intimidad referente a chulos, bares de mala muerte, impotencia de la aceptación de uno mismo. El poeta de Gil de Biedma se reencuentra consigo mismo en una intimidad que puede llegar a la humillación, pero cuyo giro «innoble» es el amor propio.

En todo caso, los testimonios de Cernuda y Gil de Biedma advierten de una fatalidad de la vocación poética: la soledad como epicentro del ser de Cernuda o el estado de miseria en el yo desdoblado de Gil de Biedma.





Bibliografía:

Cernuda, L. (2008): Antología del grupo poético de 1927, selección de Vicente Gaos, Madrid, Cátedra.
___________ (1935): “Soliloquio del Farero” en Montetes-Mairal y Laburta, Noemí (ed.). (2016). Textos de la asignatura: Direcciones poéticas de la modernidad. UNIBA.
___________ (1958): “Robert Browning”, en Pensamiento poético en la lírica inglesa (siglo XIX), en Cernuda, L. (1994) Prosa I, Obra completa, volumen II, Madrid, Siruela, pp. 392-409.

 __________  (1958): “Historial de un Libro”, en Poesía y Literatura I (1960), en Cernuda, L. Prosa I, Obra completa, volumen II, Madrid, Siruela, 1994, pp. 625-661(el fragmento escogido recoge las impresiones del autor sobre sus libros de la década de 1930, los años de la guerra y de su exilio en la Gran Bretaña, pp. 640-65).

Genette, G. (2003) : « Fiction ou diction ». Poétique, (2), Paris, Le Seuil, pp.131-139.
Gil de Biedma, J. (1968): “Contra Gil de Biedma” en Montetes-Mairal y Laburta, Noemí (ed.). (2016). Textos de la asignatura: Direcciones poéticas de la modernidad. UNIBA.

______________ (1977): “Como en sí mismo, al fin”, en VV. AA., 3 Luis Cernuda, Universidad de Sevilla, Sevilla, pp. 11-33. - Jawad Thanoon, A. (1991): El monólogo dramático en la poesía española y contemporánea: (I: Luis Cernuda y la segunda generación de posguerra) (selección de páginas referentes a Cernuda y Gil de Biedma pertenecientes a esta tesis doctoral, disponible al completo en: http://digibug.ugr.es/handle/10481/13977#.Vj79BrcveUl 

______________ (2009): "Los requisitos formales del género del monólogo dramático". Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. Disponible en:  https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero41/monodram.html

Pérez Parejo, R. (2007): "El monólogo dramático en la poesía española del XX: ficción y superación del sujeto lírico confesional del Romanticismo". Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. Disponible en: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero36/monodram.html

Rimbaud, A. (2007) : Poèmes et correspondances choisis, Paris, Gallimard.
_____(1998) : Une Saison en enfer, Illuminations, Paris, Librairie Générale Française.
Teruel Benavente, J. (2009): "Dialogismo e identidad en la poesía de Jaime Gil de Biedma", en Teatro: Revista de Estudios Culturales / A Journal of Cultural Studies, vol. 23, disponible en: