lunes, 27 de marzo de 2017

La voz enmudecida de la mujeres


Teresa de Cartagena nació en Burgos entre los años de 1415 y 1420. Fue descendiente de judíos conversos al cristianismo que, posteriormente, ostentaron cargos importantes dentro de la institución católica, pues su abuelo Ŝlomo Halevi, a pesar de estar casado y de tener hijos, fue sacerdote. Según sus escritos, Cartagena, tuvo una formación académica en la Universidad de Salamanca, sin embargo, no se han encontrado registros que respalden esta información en dicha institución, lo que nos hace pensar en que se trató de una educación asistida por tutores de esta universidad.

Según investigaciones realizadas por Mónica Vidal, la familia Cartagena, además de contar con bibliotecas de calidad, como parte de su patrimonio, participó de manera activa tanto en los asuntos correspondientes a la Iglesia católica como en asuntos relacionados con la literatura. Vidal apunta también que Teresa de Cartagena «desde temprana edad se fue quedando sorda progresivamente. En 1453 ingresó a un convento (no se sabe con certeza a qué orden pertenecía, aunque se sospecha que era franciscana)» (Vidal, 2010: 1).


            El desarrollo de su enfermedad auditiva significó para Teresa el autoexilio y la marginalidad a la que arrastró su vida. Estos factores, entre otros, fueron una especie de herramientas para la producción de su primera obra Arboleda de los enfermos, un tratado en el que la autora, a través de la palabra, tiene la intención de dar consuelo a los enfermos que, como ella, padecen de dolencias físicas, pero buscan refugio y salud espiritual. La obra logró atravesar los muros y salir del convento en el que se aisló Cartagena, a raíz de esto surgió una feroz crítica que condenaba no solo su desarrollo como escritora, sino que también ponía en duda que la autoría de este tratado perteneciera a una mujer.


            Como respuesta a las críticas y en defensa de su condición como mujer y escritora, Cartagena escribe la Admiraçión operum Dey y se pronuncia cuestionando los planteamientos misóginos y mal intencionados de quienes lanzaron estas provocaciones en su contra:

Creo ciertamente que se han maravillado los prudentes varones del tratado que yo hice; y no porque en él se contenga cosa muy buena y digna de admiración, sino porque mi propio ser y justo merecimiento con la adversa fortuna y el agravamiento de las enfermedades dan voces contra mí y llaman a todos a que se maravillen diciendo: “¿Cómo puede haber algún bien en quien en persona que tantos males asienta?”. Y de aquí se ha seguido que la obra femenina y de poca sustancia, que es digna de reprensión entre hombres corrientes, con mucha razón sería hecha digna de admiración en el acatamiento de los singulares y grandes hombres, pues no sin causa se maravilla el prudente cuando ve que el necio sabe hablar (Cartagena, 2004: 269).                   

Admiraçión operum Dey está escrita también con fines didácticos. Teresa de Cartagena ya no escribe solo para los enfermos del cuerpo, sino que ahora sus escritos están dirigidos a los enfermos del alma «aquellos que no padecen males corporales y que, debido a su inmersión en el mundo sensible, se niegan a ver la potencia de Dios que actúa a través de esta delicada y débil mujer» (Vidal, 2010: 3).
           
            En la sociedad medieval la participación de la mujer en el plano científico e intelectual era, casi de manera general, rechazado o valorado con poca estimación. A la mujer se le atribuían los quehaceres domésticos y religiosos (siempre de manera pasiva), por el contrario, el hombre era quien gozaba de características superiores vinculadas con la fuerza, la inteligencia y la sabiduría, por tanto, los roles estaban asignados sin posibilidad de considerar cambios o excepciones y es por esta razón que la obra de Teresa fue negada como producción femenina. «Lo que ocurre es que Teresa, a causa de su sordera, había perdido todo contacto con el mundo exterior […] y no tenía acceso a la manifestación oral que formaba parte del espacio […] por lo que tuvo que apropiarse de un medio de expresión considerado básicamente masculino» (Vidal, 2010: 6), y es así como escribe este tratado que consiste en la defensa del talento de las mujeres para la creación literaria, para las ciencias y la intelectualidad.

            Todo lo anterior, generó un debate académico y literario en torno a las capacidades de las mujeres que abarcó los años desde finales del siglo XIV hasta el siglo XVIII. A este debate se le conoció como la Querella de las mujeres, siendo la francesa Christine de Pizan la primera mujer que hace una intervención pública al escribir la obra La ciudad de las damas, un texto que rompe con todos los tabúes de la época y que defiende a las mujeres de los discursos violentos que los hombres hacían contra ellas:

Finalmente, a todas vosotras, mujeres de alta, media y baja condición, que nunca os falte conciencia y lucidez para poder defender vuestro honor contra vuestros enemigos. Veréis cómo los hombres os acusan de los peores defectos, ¡quitadles las máscaras, que nuestras brillantes cualidades demuestren la falsedad de sus ataques! Así podréis decir con el salmista: «La iniquidad del malo recaerá sobre su cabeza (Cortés, 2017: 3).   

                Por lo anterior, podríamos decir, tal como lo expone la medievalista Blanca Garí, que nos encontramos frente a la primera escritora feminista «que afirma que todo lo que se dice sobre la maldad de las mujeres no se debe a ninguna característica intrínseca, sino a las circunstancias, que no es natural, sino social» (Barranco, s.f.: s.p.).  Christine de Pizan escribe desde su mundo, desde su propia experiencia como mujer, en la que además nos habla de un espacio diferenciado para ella, idea que muchísimos años después (octubre de 1929) retomará Virginia Woolf al publicar su obra Una habitación propia.

            Para respaldar las opiniones vertidas en relación a las limitaciones educativas y de espacio para las mujeres, muchos escritores buscaban como fundamento las obras escritas por los romanos, los griegos y de manera especial la Biblia. Siendo una sociedad arraigada a los valores cristianos citar las Sagradas Escrituras le daba autoridad y veracidad a su discurso, pero a mediados del siglo XVII sor Juana Inés de la Cruz reinterpreta algunos pasajes tales como «la Epístola I a los Corintios
exponiendo que el apóstol sólo quiso decir que las mujeres no rumorearan mientras se realizaban las ceremonias eclesiásticas, pero no que se alejaran del saber. Cita ejemplos de ilustres mujeres entendidas que corroboran la capacidad de la mujer para la sabiduría y la escritura» (Cortés, s.f.: 835).

            A pesar de que Teresa de Cartagena y sor Juana Inés no coinciden en tiempo y espacio, encontramos en sus vidas aproximaciones tales como su vida religiosa, la soledad, su débil salud, su condición marginal, entre otras. Por otro lado, en lo que se refiere a su obra, «las epístolas de las dos escritoras desarrollan una retórica donde la queja, el silencio, la cortesía, la ironía y la resignación se combinan para conducir a la paradoja el papel de la mujer en el mundo que el razonamiento patriarcal defiende y que, aparentemente, aceptan» (Cortés, s.f.: 390).
           
            Muchos debates y situaciones precarias han tenido que enfrentar las mujeres ante un sistema patriarcal que durante siglos ha intentado opacar y limitar su participación en torno a la educación, a la política, al campo laboral, etc.:

Durante millones de años las mujeres han estado sentadas en casa, y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora, que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la política. Pero este poder creador difiere mucho del poder creador del hombre. Y debe concluirse que sería una lástima terrible que le pusieran trabas o lo desperdiciaran, porque es la conquista de muchos siglos de la más dura disciplina y no hay nada que lo pueda sustituir (Woolf, 2001: 63).






Bibliografía:

CORTÉS TIMONER, Mª Mar, Ficha material “La Ciudad de las Damas de Chistine de Pizan”, Barcelona, UNIBA, 2016.

 _______________, Ficha material “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz de Sor Juana Inés de la Cruz”, Barcelona, UNIBA, 2016.

_______________, Ficha material “Una habitación propia de Virginia Woolf”, Barcelona, UNIBA, 2016.

_______________, Teresa de Cartagena, primera escritora mística en lengua castellana, Málaga, Universidad de Málaga, 2004, pp. 263-275.(Documento en pdf).
 ______________, “Poner riquezas en mi entendimiento: Sor Juana Inés de la Cruz y Sor Teresa de Cartagena”, Lectora. Revista de dones i textualitat, 10 (2004), pp. 377-391. En línea: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/ 2445/22190/1/596569.pdf BARRANCO, Justo, Christine de Pizan.

RIVERA GARRETAS, M. Milagros, “Los dos infinitos en Teresa de Cartagena, humanista y mística del siglo XV”, Miscelánea Comillas, vol. 69 (2011), núm. 134, pp. 247-254.

 VIDAL, Mónica, “Los espacios en la obra de Teresa de Cartagena”, IX Congreso Argentino de Hispanistas, 2010. Disponible en Memoria Académica, pp. 1-8: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/